Saturday, January 26, 2008

LA PALMA CHILENA....


DESCRIPCION GENERAL.




La Jubaea chilensis (nombre nativo Kan-Kán) es la segunda de las palmas más australes del mundo en estado nativo; la más austral es la nikán (Rhopalostylis sapida) de Nueva Zelandia. Ambas pertenecen a las dos mil ochocientas especies de palmáceas distribuidas por el planeta. Originaria de la zona central de Chile, la palma chilena es una de las de más impresionante desarrollo: posee el tronco más fuerte y la mayor longevidad; esto último, queda demostrado por la existencia de plantas de mil años y más. Aun cuando no existen estudios científicos que aseguren la data de las palmas más antiguas, numerosas citas dan por establecido este aserto. Amén de su valor paisajístico y económico, es la especie arbórea de mayor corpulencia e interés de la zona central del país.

Es sorprendente que Chile ha reconocido como especies símbolo la araucaria, Araucaria araucana, el alerce, Fitzroia cupressoides y el copihue, Lapargeria rosea, y no ha incluido entre ellas a la Jubaea chilensis. Al menos la primera de las nombradas no es endémica solamente de Chile, ya que vegeta y se reproduce en forma natural en sectores fronterizos del territorio argentino, como acontece en el Parque Neuquén.

El alerce y la araucaria han sido declarados Monumento Natural, no así la palma chilena, lo cual constituye una omisión imperdonable. "La Palma Chilena, Monumento Natural", fue el título que inicialmente tuvo este trabajo, pero, por la razón legal y administrativa antes citada, debió ser cambiado por el que definitivamente lleva. Debo confesar que me gustaba más aquél.



CONAF (24), entrega una descripción del árbol que bien vale citar:

"El tronco es limpio, muy simétrico, pero a cierta altura se produce un estrechamiento característico causado por el extremo agotamiento a que es sometido el árbol al comenzar a producir frutos, manteniendo esa estructura en los años posteriores".

"Esta especie no tiene raíz principal, pero desde la base del tronco emerge un gran número de raicillas de alrededor de un centímetro de diámetro, las que se extienden hasta 15 metros del tronco y unas pocas profundizan en busca de agua subterránea".

"La Palma se desarrolla a partir de semillas contenidas en unasenormes vainas llamadas espatas, de aproximadamente un metro de largo. Al abrirse muestran un racimo con flores desarrolladas las que darán origen al fruto que una vez seco cae a tierra. Según las condiciones ambientales y de suelo, la semilla puede tardar meses o varias temporadas en germinar".

"En este período necesita de una cubierta vegetal protectora, bajo la cual inicia su desarrollo en forma muy particular. Primero comienza a crecer hacia los lados, expandiendo su diámetro hasta lograr el grosor que la base tendrá cuando adulta. Terminada esta etapa, que dura alrededor de 14 años, comienza a producir hojas de gran tamaño e inicia su crecimiento que le hará emerger de la vegetación circundante. Desde ese momento ya no contará con la cubierta protectora que, entre otras cosas, evitó que durante esa etapa fuera comida por el ganado doméstico, conejos y liebres, siendo uno de los factores que han contribuido a la disminución de esta especie, al destruir las pequeñas plantas antes de que sean capaces de regenerar. Una vez superado este período, la planta tiene muchas posibilidades de sobrevivir, ya que posee una buena resistencia a los factores ambientales adversos, incluso es capaz de resistir los incendios forestales".


"Llamada Kan-Kán por los antiguos habitantes de esta región, la palma chilena fue muy importante en el pasado. Sus hojas y las fibras de su tronco se empleaban para techar viviendas y sus frutos y la miel que se extrae desde hace siglos, constituyen un excelente alimento para el hombre".
"Esta es una de las causas principales que han llevado a que la palma chilena se encuentre en escaso número, ya que para obtener su miel es necesario derribar el árbol, provocando su muerte".
"Ya en el suelo, se le cortan las hojas para que de ahí escurra la savia que una vez procesada, da origen a la miel de palma".
El habitante de Chile, salvo excepciones, no la reconoce. No se le distingue y poco se sabe de su importancia paisajística y económica; menos aún, de la impresionante belleza de los lugares en los cuales se la encuentra en estado silvestre. Este desconocimiento hizo que muchas personas, con el ánimo de colaborar durante la preparación de este trabajo, entregaran pistas falsas, que condujeron a más de un frustrado recorrido o a una estéril búsqueda.
Los reductos naturales de la palma chilena se distribuyen entre las regiones IV, de Coquimbo, por el norte, y VIII, del Maule, por el sur. Los principales de ellos se mencionan y describen en este estudio.
Su utilización en la formación de grandes parques fue una característica que se repite en numerosas citas desde los inicios de la colonización hasta fines del siglo XIX. Hoy subsiste en antiguos parques y escasamente en nuevas formaciones, aun cuando se advierte un reciente interés por la especie.
ALGO DE HISTORIA.
Si bien existe literatura sobre este árbol, en la mayoría de los casos se trata de investigaciones muy especializadas o parciales, por lo general, tesis universitarias, trabajos inéditos o de circulación restringida.

"Es probable que, como lo dice Hugh Johnson (7), las palmeras, situadas en los climas templado-fríos, que son el árbol símbolo de los trópicos, sean resabios de épocas más cálidas: Hace aproximadamente 120 millones de años, la mayor parte de la superficie de la tierra estaba sometida a un clima tropical. A continuación se produjo un enfriamiento progresivo que terminó en los períodos glaciares. Las palmeras, al igual que otros árboles, se retrajeron a las zonas más abrigadas del frío".

Algunos sectores de clima templado, como es el hábitat de la Jubaea, al desplazarse los trópicos (7), mantuvieron palmeras que se adaptaron y evolucionaron en el mundo natural.

El nicho ecológico que constituye la mayor parte del territorio nacional preservó nuestra flora de interferencias extrañas. País-isla, separado del resto del mundo por fuertes barreras naturales: el gran desierto, por el norte, la cordillera de los Andes, por el oriente, el Océano Pacífico, por el poniente y la selva valdiviana y los hielos australes por el sur, lo constituyen, en especial su zona central, en un lugar ideal para que, en millones de años, se haya configurado una flora muy rica en especies endémicas, entre las cuales se destaca con fuerza la palma chilena.

El Chile prehistórico central estuvo poblado por gran cantidad de estas palmas. En nuestro país, en el archipiélago Juan Fernández, existe otra especie nativa, la palma chonta, Juania australis, que enfrenta problemas de conservación y pertenece a la categoría de vulnerable y en peligro de extinción.

Recientes descubrimientos en nuestra lejana Rapa Nui (Isla de Pascua), hablan de restos fósiles de troncos y aun de polen y de semilla, de estructura similar a la de la Jubaea, aun cuando es tal vez prematuro darlo por sentado y debemos aguardar un pronunciamiento científico para incorporarlo con certeza. Por ahora, la "Fundación para la Recuperación de la Palma Chilena", con la debida asesoría técnica y arqueológica, ha procedido recientemente a reinstalarla en el territorio insular.

Es muy posible que la especie chilena continental debió hacerse más resistente a la sequía y se adaptó maravillosamente a nuestro clima, que en la actualidad es bastante diferente al de los trópicos: debió generar robustas raíces para absorber agua y defenderse de la carencia de humedad en los meses estivales y prolongados periodos secos; desarrolló un sistema de hojas muy protegidas con una firme cutícula para evitar la evaporación, y su semilla, como muchas otras de plantas nativas de la zona central (espino, boldo, quillay, etc.), tiene una gran resistencia a la germinación, producto también de las difíciles condiciones de clima. La germinación debe esperar un invierno lluvioso y una primavera húmeda; luego viene la sequía hasta el nuevo invierno. La semilla debe mantener sus reservas y seguir latente a la espera de una nueva oportunidad.

En tales condiciones, estos vegetales debieron evolucionar hacia un lento crecimiento. Otras especies de palmas, como las ya mencionadas Phoenix, cocoteras tropicales, reales, washingtonias, etc. tienen una rápida germinación, entre quince y treinta días, y un desarrollo que duplica o triplica en velocidad a la Jubaea. Esta, luego que ha asegurado su supervivencia mediante un fuerte sistema radicular, debe desarrollar su parte aérea y competir por los escasos recursos hídricos en largas temporadas. Por algo tarda alrededor de quince años en empezar su crecimiento en altura a la espera de que estén dadas las condiciones anteriormente señaladas.

La multiplicación de la especie en un hábitat tan extenso como el ya descrito debió contar con la colaboración de la fauna existente en el Chile prehistórico, como llamas, alpacas, guanacos y otros herbívoros como el huemul, e incluso, tal vez, dinosaurios y demás antediluvianos que poblaron estas tierras. Comían la parte digerible del fruto, tragando el coquito, transportándolo luego en el estómago, depositándolo en la bosta, fertilizado en forma natural, al igual como lo hace hoy el ganado, facilitando, de este modo la dispersión de la especie, con semillas tratadas en forma natural.

A la llegada de los españoles, en el siglo XVI, era llamada Kan Kán por los aborígenes. Estaba ampliamente difundida en toda la zona central, conformando grandes bosques, decenas de millones entre Coquimbo y Colchagua. El padre Alonso Ovalle, siglo XVII, la describe en su "Histórica Relación del Reino de Chile": "Críanse estas palmas de ordinario en montes y quebradas tan espesos, que mirándolas de lejos parecen almácigo puesto a mano. Son muy gruesas y altas. Todo el tronco desnudo hasta el cogollo, porque su naturaleza es tal, que al paso que se va vistiendo de nuevos ramos se va despojando de los viejos". Entre Chincolco y Petorca se censaron, según esta fuente, más de 500.000 (s. XIX). Existen testimonios de que se exportaba gran cantidad de coquitos. Benjamín Vicuña Mackenna (1877) menciona la explotación de más de 1.000 palmas, con su consiguiente sacrificio, para la exportación de miel en un solo predio y en un solo año en la V Región.

A esta depredación se debe, en gran parte, el estado crítico a que llegó la supervivencia de la especie hasta la primera mitad del siglo XX, situación que está siendo superada en la actualidad.

Hasta fines del siglo XIX se le planta profusamente en parques urbanos y rurales; en aquellos en que ha sido respetada, luce orgullosa y magnífica. Luego cae en el olvido y deja de ser reproducida. Tal como ya mencionamos, hoy parece existir un renacer que esperamos perdure.


LA INTERVENCIÓN HUMANA.

Luego, la especie más perfecta, pero al mismo tiempo más depredadora de la naturaleza, el hombre, inicia su estéril combate contra el bosque y el matorral nativo. La palma subsiste hoy en forma natural solo en escasas agrupaciones aisladas en las que ha logrado sobrevivir y en algunos parques urbanos y rurales, plantada artificialmente. En Chile este proceso destructor se inicia con la llegada de los conquistadores y en algunos lugares continúa hasta nuestros días.

Un croquis de Rómolo Trebbi (9) muestra al valle de Quillota, en el siglo XVI. Nada queda ya de aquellos especímenes.

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