Saturday, January 26, 2008

LA PALMA CHILENA Y SU VIDA VEGETAL..


LA PALMA CHILENA, MONUMENTO VEGETAL....

Las palmeras conforman un fascinante grupo de plantas cuyas características biológicas, económicas y estéticas las convierten en una de las familias más atrayentes de estudiar. Quiso la naturaleza que de las dos mil ochocientas especies de palmeras, únicamente dos tuvieran su hábitat natural en nuestro país: la Jubaea chilensis, en el continente, y la palma chonta, Juania australis, en el territorio insular de Juan Fernández.

Biológicamente, las palmeras poseen algunos rasgos que las hacen distintas dentro del reino vegetal. Entre estos podemos mencionar su amplia dispersión geográfica y otras características como, por ejemplo, que la semilla del doble cocotero (Lodoicea maldivica) puede llegar a pesar sobre veinte kilos, con lo que pasa a ser la semilla más grande del mundo vegetal. En la palmera rafia de Madagascar (Raphia farinifera) encontramos, a su vez, la hoja más larga: puede alcanzar la increíble extensión de más de veinte metros. En la esfera reproductiva, las especies de género Coryhas presentan el rasgo de la monocarpia, es decir, alcanzada su madurez -normalmente sobre los cincuenta años- florece por primera y única vez para luego perecer. Así, por ejemplo, antes de su muerte, la inflorescencia de la palmera de sombrilla (Coripha umbraculifera) produce un número cercano a veinticinco millones de flores, una marca que, nuevamente, no tiene parangón alguno en el reino vegetal.

Después de los pastos, las palmeras constituyen el grupo más importante desde el punto de vista de la cantidad y variedad de recursos materiales que entregan al ser humano: proveen alimento, abrigo, madera, vestidos, cera, combustibles, techos, fibras y papel, por nombrar solo los más importantes.

Si una palma cocotero (Cocos nucifera), la especie económicamente más importante de todas las palmeras cultivadas, llega a envejecer o se cae por alguna razón, ninguna de sus partes se desperdicia: el brote comestible se cocina de más de cien maneras diferentes; de su líquido se elabora una bebida refrescante, que, si se la mezcla con la parte comestible, puede convertirse en leche o crema; la cáscara dura de la semilla se tuesta y sirve como cuchara y tazón; sus fibras se transforman en cordeles; las ramas se emplean para cubrir techos y las hojas para tejer; de sus flores se elabora una miel y de la savia de la inflorescencia se extrae azúcar y alcohol; la madera se emplea para construir; a partir del núcleo de la semilla se prepara un tipo de aceite y de lo que de éste queda se elabora un pastel que sirve de alimento para animales. Por último, el agua de los cocos inmaduros, dadas sus propiedades fertilizantes, se emplea como medio para ayudar en el crecimiento de numerosas y variadas plántulas.

Los atributos de las palmeras se fundamentan en su amplio y variado uso como plantas ornamentales. Su enorme variabilidad las convierte en un blanco preferido, ya sea como especímenes de interior o como elementos de paisajismo. Respecto a la altura, todas las especies se ubican entre los siguientes extremos: la palmera enana (Syagrus lilliputiana) que alcanza en su plena madurez una altura de diez centímetros, y la palmera cerosa (Ceroxylon alpinum), propia de las escarpadas cumbres andinas colombianas, que suele alcanzar la no despreciable altura de sesenta metros.

Respecto a las dos partes más características de una palmera, hojas y tronco, las hay de diferentes cualidades y textura. Entre las primeras encontramos formas pinnadas y palmadas, de colores verdes, grises, plateados e incluso rojos. Los troncos pueden ser delgados, gruesos, blancos, rojos, con espinas y sin ellas, completamente lisos, con anillos y cubiertos de cera o fibra.

A pesar de habitar principalmente en los trópicos, las palmeras no son exclusivas de dicha región. Es verdad que un gran porcentaje de las casi tres mil especies se concentran allí, sin embargo -reflejo una vez más de su notable diversidad- estas nobles plantas reservan también su presencia a un hábitat natural más allá de las regiones ecuatoriales. Dentro de este selecto grupo de "alejadas" se ubica y destaca nuestra Jubaea, la bella y noble palma chilena.

La relación del hombre de nuestro país con las palmeras presenta ciertos rasgos paradójicos. Normalmente, pocas personas tienen problemas para diferenciarlas de otras plantas, pero al mismo tiempo, pocas son capaces de distinguir una de otra. Se las considera típicamente de los trópicos, y pocos saben que nuestro país tiene en la Jubaea la palmera más meridional del continente americano y la segunda en el mundo. Al pedir una caracterización visual, ésta suele estar compuesta por un tronco delgado con su correspondiente corona de hojas superiores; sin embargo, la palmera con el tronco más grueso, -de hecho, superior a muchos árboles- habita en nuestro país y se llama Jubaea chilensis.

Producto tal vez de la escasez de palmeras endémicas o la poca sensibilidad frente a lo vegetal, lo cierto es que el conocimiento de la Jubaea en Chile está lejos del reconocimiento y preocupación que ciertamente merece. Admirada en el extranjero en forma cada vez más creciente por sus cualidades biológicas y estéticas, ello contrasta con su apreciación en nuestro país, donde pocos son capaces siquiera de reconocer la presencia de una Jubaea y, menos aún, saber dónde contemplar algún ejemplar.

Por ello, la tarea emprendida por el profesor Correa es doblemente meritoria. Describe y entrega con sencillez y delicadeza diversos antecedentes relacionados con la Jubaea. En un país con tan escasos estudios sobre sus palmeras, el texto justifica de por sí la tarea emprendida. Sin embargo, hay, además, otra dimensión igualmente importante. Corresponde a esa actitud de profundo cariño que el autor tiene hacia nuestro patrimonio forestal, representado por la Jubaea chilensis.

Atrás están las largas caminatas, las lejanías y los esfuerzos, allí están las frustraciones de quienes le es dado emprender algo único; atrás, confío, quedan las soledades de quien ha buscado con esfuerzo desentrañar la verdad de algo verdaderamente relevante para nuestro crecimiento.

El libro del profesor Correa representa un texto único en la defensa de nuestra Jubaea. Escrito más que nada desde el corazón, La Palma Chilena, Monumento Vegetal, es en cierta manera, un texto esperanzador. Nos enseña a cuidar lo poco que tenemos y lo mucho que queda por hacer. Nos acerca a la nobleza de un árbol y al mismo tiempo nos sensibiliza a no perderlo nunca más. Nos recuerda que la Jubaea no sabe de modas y que su lentitud es, por el contrario, su ventaja. En un mundo de usos apresurados y respuestas inmediatas, nos enseña a apreciar cómo su cansino crecimiento posibilita esa longevidad envidiable. Ello constituye, sin duda, una bella metáfora para nuestro espíritu. Creo que el trabajo de Pastor Correa es un sincero esfuerzo por querer transmitir ese espíritu a las generaciones venideras.

Franco Simonetti Bagnara
Psicólogo, Director Escuela de Psicología - Pontificia Universidad Católica de Chile
Palmerólogo, Miembro de la International Palm Society

FICHA TECNICA DE LA PALMERA CHILENA:

Clasificación:
-Nombre científico: ----- JUBAEA chilensis
(Mol.) Baillón.
-División: ------ Embriophita Siphonógama. (Fanerógamas).
-Subdivisión: ----- Angiospermas.
-Clase : ----- Monocotiledóneas.
-Orden: ----- Palmales.
-Familia: ----- Palmáceas (Arecaceae)


Hábitat natural: ---- Aproximadamente entre los ríos Elqui y Maule, en los valles de la Cordillera de la Costa, Chile.

Hábitat adaptado: ----- Se la encuentra, en parques urbanos y rurales antiguos, entre Copiapó y Frutillar. Se ha adaptado en diversos países de clima templado.

Reproducción: ----- Se reproduce por la siembra de coquitos, que tardan entre uno y ocho años en germinar.

Trasplante: ----- El trasplante de ejemplares adultos no presenta grandes riesgos, siempre que se hayan tomado determinadas precauciones.

Descripción: ----- De hojas plumosas pinnadas de 2 a 3 m de largo, situadas en el extremo superior de los troncos. Posee grandes inflorescencias, que crecen dentro de una canoa limosa de 1 a 1,5 m. Flores pequeñas de 3 sépalos y 3 pétalos, frutos ovoides de 3 a 4 cm de largo. Su tronco gris y recto es reconocido como el más impresionante entre las palmáceas, alcanzando en ocasiones los 2,0 m de diámetro y 30 m de alto. Su fruto es una drupa de color amarillo, similar a un dátil pero más fibroso, áspero y mucre. La semilla, un coquito, de cáscara muy dura y firme que contiene una especie de avellana comestible, blanca, hueca y lechosa cuando está fresca.

Importancia económica : ----- Su semilla, los coquitos, de diámetro aproximado 2 a 2,5 cm. son muy estimados en recetas de pastelería y consumo directo, e inclusive exportación. A partir de su savia se elabora la miel de palma y ello ha generado una industria que llegó a poner en peligro la especie. En la actualidad se encuentra bajo planes de manejo controlados por CONAF.

SECTOR LA CAMPANA - OCOA

Ubicación:
32º51'/70º59"

32º36'/70º07"
32º50'/71º07"
Región de Valparaíso, provincia de Quillota.
Reservas estimadas: ----- 70.000 palmas, aproximadamente.


Parque Nacional La Campana - Las Palmas, Vichiculen -Llay Llay - Hacienda Las Palmas de Ocoa - El Oasis de la Campana.

Es la mayor agrupación de palmas que existe en el país. Son montes y quebradas ubicadas parcialmente en el
Parque Nacional La Campana, comunas de Hijuelas y Llay Llay.

Los palmares se encuentran en la vertiente norte del complejo La Campana, situados al sur de la Carretera Panamericana Norte, entre la ciudad de Llay Llay, el túnel de la Calavera y el puente Ocoa, sobre el río Aconcagua, a corta distancia de Viña del Mar y de Santiago.

Estos conjuntos, por su ubicación, accesibilidad y belleza, reúnen las mejores condiciones para transformarse en un gran complejo educativo, recreacional, turístico, de investigación, producción y divulgación de la especie. El cerro La Campana, con sus 1.900 m.s.n.m. preside paisajísticamente el conjunto y ofrece, junto a su vecino, el cerro El Roble, 2.222 m de altitud, interesantes posibilidades de escalamiento, para montañistas de no tan alto nivel, en una temporada más larga que la de la Cordillera de Los Andes y con menor riesgo.

En este sector existen varias palmerías vecinas al Parque Nacional, ubicadas en diferentes predios, como Las Palmas, camino a Vichiculén en Llay Llay, que está más alejado, y la Hacienda Las Palmas de Ocoa, de propiedad de don Arturo Eugenín, que diera origen al Parque Nacional. Hay, al menos, otras dos hijuelas contiguas que poseen palmas chilenas en estado nativo. Ellas son el lugar llamado "Los Maitenes de Ocoa" y otra que está ofreciendo parcelas de agrado, cuya subdivisión respeta los lugares de palmas, que es la "Reserva Ecológica Oasis de la Campana", de propiedad de don Mauricio Moreno.

Estos últimos tres predios formaron un día parte de lo que fue la gran Hacienda Las Palmas de Ocoa, de propiedad de don Raúl Ovalle. En estos predios se aprecian renovales de uno a quince años, salidos espontáneamente o mediante reforestación.

El palmar más importante de este conjunto y del país está constituido por El Parque Nacional La Campana, sector Ocoa, y es la agrupación de palmas en estado nativo más poblada del país. Pertenece a la Corporación Nacional Forestal, que lo administra, y constituye el más importante recinto de palmas chilenas, declarado Parque Nacional y abierto al público. En la vertiente sur del complejo La Campana, en dirección a la Cuesta La Dormida, Olmué y Limache, existen ejemplares aislados, últimos vestigios de un palmar que, muy probablemente, se prolongaba desde la Cuesta La Dormida, por el oriente, uniéndose con los de Ocoa a los Viña del Mar-Valparaíso, bajando hasta las orillas del Océano Pacífico, por el poniente.

LA CUENCA DE COCALAN.


Ubicación: ----- 34º12'/71º10'
Región del Libertador Bernardo O'Higgins, provincia de Cachapoal.
Reservas estimadas: ----- 35.500 palmas adultas.


Sociedad Agricola y Forestal - Hacienda Las Palmas de Cocalán.
Hacienda Palmería de Cocalán.


Al oriente del embalse Rapel, en la Sexta Región, del General Libertador Bernardo O'Higgins, provincia de Cachapoal, cercana a Doñihue y Las Cabras.


A las palmerías de Cocalán se llega desde Santiago por el camino Melipilla-Las Cabras, pasando el embalse Rapel. Dista 157 km de Santiago, 25 de los cuales son de tierra, en bastante buen estado. Tiempo de viaje: 2 horas 30 minutos. El acceso desde el camino Longitudinal Sur se hace desde Rancagua -Doñihue -Peumo -Las Cabras -Cocalán y es de aproximadamente 112 kilómetros. Ambos recorridos son de gran interés paisajístico, cultural y turístico.

Históricamente, al menos desde 1878, en este lugar se explotó la miel de palma. Más tarde se dividió la gran hacienda en dos hijuelas. En el año 1940 se inició un proceso de resiembra directa en el predio llamado "Las Palmas de Cocalán", lo que a partir de 1980 aconteció en el predio vecino, "La Palmería de Cocalán", empeñándose ambos propietarios en la formación de viveros y multiplicación de la especie.

En el año 1971 la cuenca fue declarada Parque Nacional. Por tratarse de propiedades privadas, el decreto resultó inaplicable; no obstante, se encuentra vigente hasta ahora. De este modo el único auténtico Parque Nacional donde la palma chilena se encuentra representada, es en el Parque Nacional La Campana.

Es muy reconfortante observar, en especial, el cuidado y el desarrollo que han tenido, en los últimos quince años, los palmares de Cocalán; solo falta poner en marcha un sistema que permita organizar visitas programadas que pudieran ofrecer otras atracciones, como son las playas del lago Rapel y la central hidroeléctrica, así como los poblados característicos de la región, tales como Doñihue, San Pedro, Vichuquén y otros, que podrían configurar circuitos turísticos del mayor interés.

Por el momento, ambos palmares restringen la entrada, por cuanto no existe un sistema que permita evitar que se produzcan daños a las plantas nuevas o incendios por descuido de los visitantes.

VIÑA DEL MAR - VALPARAISO.

Ubicación: ----- 33º02 / 71º 33'
Región de Valparaíso, provincia de Valparaíso.
Reservas estimadas: ----- 6.500 palmas, aproximadamente
(10) (42)

LA PALMA CHILENA EN NUESTRA REGION...

VIÑA DEL MAR - VALPARAISO -
EL SALTO - VIÑA DEL MAR.



Este palmar se extiende desde el alto de Valparaíso (subida Santos Ossa) del camino a Santiago, Ruta 68, Viña del Mar Alto (subida Agua Santa), hasta las quebradas, de Las Zorras-Cabritería-Forestal Alto-Siete Hermanas y El Salto. Los principales predios corresponden a las haciendas Siete Hermanas y Las Cenizas, ésta última perteneciente a la Sociedad Forestal Valparaíso.

Es un amplio sector que presenta la característica de encontrarse en el borde superior de la segunda ciudad del país, formando cuñas que penetran por las abruptas y extensas quebradas, hasta casi el centro mismo de ella. La mayor parte de estas quebradas se encuentra orientada al sur poniente.

Se trata de un caso muy especial, extremadamente dramático, en el cual el problema principal es la presión humana, sin control alguno, ejercida sobre gran parte del área. En los sectores más alejados existen densas agrupaciones que se mantenían en buenas condiciones, hasta el gran incendio del verano de 1996, del que se da cuenta más adelante.

El Plan Regulador Intercomunal de Valparaíso-Viña del Mar ha declarado esta zona de quebradas como Parque Intercomunal. Por su parte, el Plan Regulador Comunal de Viña del Mar ha declarado esta zona área verde, aun cuando la amenaza está en las poblaciones que la rodean. Los propietarios, hasta ahora, no han podido manejar y proteger el predio y no hay suficiente conciencia ecológica de parte de las autoridades. Tampoco de parte de la población. Se debería proceder a desarrollar un amplio programa, restringiendo el acceso de personas y procediendo a la reforestación y rehabilitación del conjunto.

Existirían al menos tres posibilidades: una, la expropiación del predio y su entrega a CONAF para su administración como Área Silvestre Protegida; otra, declararla Área de Protección y, la tercera, que sus propietarios tomaran la iniciativa, presentando un proyecto y plan de manejo adecuado, para que luego procedan a su explotación racional y bajo control de las autoridades competentes.

Una vez rehabilitado el lugar y debidamente controlado, se podría abrir a la comunidad, complementándolo con centros turísticos y habitacionales, zonas de pic-nic, baño, recreación, deporte y cultura, todo lo cual constituye un inmenso desafío que es necesario enfrentar. La Intendencia de Valparaíso y las Municipalidades de Valparaíso y Viña del Mar, tienen la palabra.

Los principales problemas detectados en el sector y que ilustran dramáticamente las fotografías que se adjuntan, son los siguientes:

- Los constantes y reiterados incendios han destruido o deteriorado la mayor parte de millares de ejemplares que allí existen.

- No se produce regeneración del recurso. La planta adulta se deteriora y, en casos muere. La planta joven desaparece.

- Los pobladores extraen los coquitos, cortan sus hojas para el Domingo de Ramos y para decorar fondas y sus brotes son exterminados, sin que exista control alguno.

De continuar esta situación, el futuro de este recurso será su lamentable desaparición.

Habíamos observado por muchos años, a la llegada de Viña del Mar y Valparaíso, en los últimos contrafuertes de la Cordillera de la Costa, junto al descendente camino, una cierta densidad de palmas, distribuidas erráticamente, bastante abandonadas y muy afectadas por incendios y erosión.


Mi primera expedición a un bosque relicto de palma chilena fue naturalmente a éste. Me dirigí a un llamado "Valle de las Palmas", sector Rodelillo-Agua Santa. Allí apareció a mi vista una quebrada rodeada de modestas construcciones y grupos densos de palmas chilenas. Seguí por el sendero, no sin temor a perros y maleantes, con mi cámara, tomando fotos de todo lo que veía.

Me encuentro con una persona que saluda y pregunta qué hago. Le cuento, y se pone a hablar. Es un poblador del lugar, don Héctor Hernán Campos Cienfuegos, maestro de construcción, casado, dos hijas. Habla fluidamente de la falta de conciencia ecológica, de lo importante que es proteger el lugar, y me impresiona su convicción cuando dice: "estas palmas están pidiendo auxilio, que alguien se preocupe de ellas. Si esto sigue así, se van a destruir, y yo estoy enamorado de este lugar, por las palmas". Probablemente este caballero, fue uno de los causantes del entusiasmo con que proseguí la labor que, sin habérmelo propuesto, había emprendido y que se resume en esta publicación.

Luego abordé el palmar por otros puntos distantes entre sí y constaté cómo predominaba el paisaje desolador, ya sea tras la Quinta Vergara, desde Siete Hermanas, Cabritería, la subida Santos Ossa o en El Salto. Las fotografías que se acompañan muestran más claramente que las palabras la impresión que causa el extenso lugar, en su sector próximo a las poblaciones.

Sin embargo, también se pueden apreciar parajes que se han preservado, al menos hasta ahora, tanto en sectores bajo fuerte presión urbana, como en otros más inaccesibles y alejados, en especial el sector del Camino de Circunvalación Rodelillo-El Salto y el fundo Las Cenizas en las partes altas y alejadas de los caminos principales.

Durante el verano de 1996, cuando ya había dado por terminada mi labor o creía ingenuamente en ello, se produjo un gran incendio que afectó a una amplia zona de las partes altas. El resultado fue la pérdida, al parecer definitiva, de unas 500 palmeras. Sin embargo, en un recorrido posterior pude apreciar que muchas de ellas lucen, a pesar del tronco ennegrecido por el fuego, su ápice renaciente, verde y vigoroso.

María Graham (6), impenitente viajera y estudiosa, relata en el año 1822 su recorrido y posterior viaje de Valparaíso a Santiago, maravillándose con los palmares que rodeaban la primera parte de la ruta y valles próximos. Sin embargo, refiriéndose al Almendral, vale decir, al lugar en que hoy se emplaza gran parte de la ciudad de Valparaíso, sector plano, dice: "en este valle, como en todos los inmediatos, los árboles escasean", lo que estaría contradiciendo una cierta tradición oral que habla de que el plan de Valparaíso habría estado, antaño, poblado de palmeras. Esto último se contradice con los grabados del Padre Ovalle, de anterior data, aun cuando estos grabados en general son bastantes imaginativos, o bien pudo ser que las palmeras de El Almendral, hayan desaparecido en los casi doscientos años transcurridos entre ambos testimonios.

Luego, María Graham, relata que después de un corto recorrido a caballo, llega al valle de las palmas:

"... un pequeño llano rodeado de montañas escarpadas y boscosas y en él, por primera vez se nos presentan las palmas, que le dan el nombre.

"Se levantan en medio de las huertas de árboles frutales que rodean los jardincitos. Son diferentes a todas las demás variedades que he visto" y agrega, refiriéndose a sus frutos: "se parece a la de coco y como ésta, es lechosa cuando fresca, la hoja es más ancha, más gruesa y más rica que la palma cocotera y también más adecuada para techar, recibiendo por esto el nombre de palma tejera".

"La altura de las más crecidas es de cincuenta a sesenta pies y como a los dos tercios de esa altura el tronco se estrecha. Excede considerablemente en circunferencia al de todas las palmas que he conocido excepto el Drago".

“Cuando el árbol llega a viejo, esto es, cuando se calcula que ha visto pasar unos ciento cincuenta años,* los habitantes lo cortan y aplicándole fuego, se le hace destilar un rico jugo que llaman miel y que tiene gusto entre miel de abejas y el del más fino almíbar".

Probablemente, sean estos algunos de los testimonios más antiguos referidos a la explotación de miel de palma y parece bastante obvio que se le haya reconocido, precisamente, en una zona tan próxima a sectores urbanos.

Camino de Circunvalación o Camino de Las Palmas, Viña del Mar



Mientras terminaba de escribir estas líneas, se encontraba en construcción el Camino de Circunvalación, sector Rodelillo-El Salto, llamado Camino de Las Palmas, que atraviesa esta palmería en su parte alta. Con este recorrido di por cerrada esta investigación que empezó y terminó en Viña del Mar, aun cuando continué, agregando, corrigiendo, suprimiendo, por tres años más.

La Dirección de Vialidad del Ministerio de Obras Públicas, a cargo del proyecto, tuvo la voluntad de hacer todo lo posible por no sacrificar ninguna palma, en lo cual han colaborado CONAF y especialistas contratados al efecto.

Tuve la oportunidad de recorrer la polémica obra. El camino atraviesa, en el sector Quebrada Siete Hermanas-El Salto, áreas de gran densidad de palmas, aun cuando, el proyecto adaptó el trazado de modo de afectar el menor número posible de ellas.

Los primeros dos kilómetros desde Rodelillo son más planos y no tienen árboles. El problema surge más adelante, donde fue necesario, además de construir puentes, ejecutar profundos cortes, rellenos y obviamente, enfrentar la operación de traslado de más de ciento cincuenta palmas. Esta labor se ha ejecutado cuidadosamente, para lo que es una obra de esta envergadura. Se ha contado con asesoría especializada y se procedió a regar, dos veces a la semana, cada uno de los ejemplares trasplantados. La distribución de estas plantas se ha hecho con criterio paisajístico, enriqueciendo algunos grupos ralos o formando hermosos grupos junto al camino.

El prendimiento, habiendo gran parte de ellas resistido ya varios calurosos veranos y años secos, ha sido bueno. Cinco palmas no resistieron la operación y murieron por la acción de las grúas, solo dos, simplemente se secaron. Un porcentaje de prendimiento superior al noventa por ciento para la operación del mayor traslado masivo de palmas chilenas adultas se estima exitoso y se espera que no haya nuevos contratiempos. Cabe recordar que el invierno de 1997 fue extremadamente lluvioso, pero de 1996 a 1999 fueron muy secos.

Las trasplantadas se ven lozanas y fuertes. La apertura de estos bellos parajes a la contemplación pública puede ser del mayor interés en un área turística, como lo es Viña del Mar, siempre que se tomen las debidas providencias para evitar su deterioro.

El gran incendio del que hemos dado cuenta ha deteriorado dramáticamente el paisaje circundante y resulta paradójico constatar que la ruta de circunvalación, en este evento, actuó como cortafuego, protegiendo los sectores ubicados más al norte y más cercanos a la ciudad, donde los estragos pudieron haber sido peores y mucho más trágicos.

El mayor peligro que encierra el nuevo camino, al margen de su trazado bastante impactante, en especial por los fuertes cortes, es el que se refiere a la presión por la urbanización en el sector, generada por la consiguiente accesibilidad y plusvalía del suelo.

En este aspecto, es responsabilidad de las autoridades municipales y regionales del Ministerio de Vivienda y Urbanismo; del de Obras Públicas y de Agricultura, CONAF y SAG, el establecer los estudios correspondientes para desarrollar un Plan Seccional y de Manejo, que defina los sectores urbanizables y aquellos que habrá que conservar como área de parque, previo levantamiento e inventario detallado de las especies, tanto de palmas como de la vegetación y fauna nativa acompañante. Algunos estudios previos ya han sido ejecutados.

En la actualidad se aprecian sectores donde las viviendas, en un proceso previo, invasivo y espontáneo, se aproximan peligrosamente a la ruta. Afortunadamente, esto no sucede en los sectores altamente poblados de palmas.

Conjuntamente con esta operación se trasladó un grupo de palmas al frontis del edificio del Congreso Nacional en Valparaíso, donde tendrán un noble destino y, otro grupo, algo más numeroso, se ubicó en la Reserva del Parque Peñuelas, recinto a cargo de CONAF. Una docena de ellas conforman la plazoleta del acceso al Santuario del Padre Hurtado, en la ciudad de Santiago.

LA PALMA CHILENA........

LOS PRINCIPALES REDUCTOS DE LA PALMA CHILENA.

La especie, en estado natural, se encuentra formando agrupaciones de diversa magnitud en valles y montes de la Cordillera de la Costa. Aquellas que sobreviven en estado nativo se ubican desde La Serena a Talca, entre los ríos Elqui y Maule.

La característica común a muchos de los lugares identificados en este estudio asemeja las formaciones naturales de palma chilena al concepto que Adriana Hoffmann (31) siguiendo a Neruda, llama "Bosque Catedral", cuya preservación es indispensable y para lo cual se debe empezar por poseer un inventario y reconocimiento lo más completo posible de los lugares de interés, incluidos los ejemplares aislados.

Es lo que este trabajo ha intentado, aun cuando no posee las características de un inventario, con recuentos pormenorizados, levantamientos, etc., quedando, además, algunos lugares para futuras exploraciones. Al menos se podrá contar con una información descriptiva básica, para completar una tarea que deja aún grandes desafíos pendientes.

Con excepción de Viña del Mar y lo que queda en La Serena y Concón, que se ubican frente al mar, los reductos naturales se encuentran ubicados unos 50 kilómetros tierra adentro, al oriente de la costa del Océano Pacífico, en valles y quebradas, tanto en el fondo de ellos, como trepando el monte. Por lo general, se trata de valles protegidos del viento sur y bien orientados respecto al sol. Curiosamente todos se distribuyen en los alrededores del meridiano 71º a 71º 30`, longitud oeste, con diferentes grados de influencia costera.

Los suelos son en general de origen volcánico, de textura arenosa y morfología que va desde plana a laderas rocosas de fuertes pendientes. Su distribución natural oscila entre el borde marítimo y altitudes del orden de 1.600 m.s.n.m. (Luís Faúndez) (38)

Don Francisco Astaburuaga (3), en el primer Diccionario Geográfico de Chile, cita, en 1899, algunos lugares donde existían interesantes "manchas de árboles de esta especie", tales como: "Las Palmas", al norte de Curico, en la cercanías de Comalle, extinguido probablemente y ubicado a solo diez kilómetros de un lugar de palmas llamado La Candelaria, que se describe en este estudio "La Palma", al norte de Santiago y El Portezuelo de Las Palmas en Tilama, en el que pudimos constatar restos de un palmar que debió ser de mayor magnitud.

Don Luís Risopatrón, autor del segundo Diccionario Geográfico de Chile (4), cita, en 1924, otras localizaciones en la actualidad poco relevantes, como Limahuida, que figura en la presente investigación, otras en los alrededores de Limache y pequeñas agrupaciones cercanas a Cartagena, Leyda, Lo Abarca, Estero Yali, la Estación Tricao en el Ferrocarril de Curicó a Hualañé, sectores en los que las hubo en gran cantidad y donde algunas restan. Así como en Pencahue, en el valle de Petorca, en la localidad de Tapihue y Estero Las Palmas, a la altura de Talca. En todos estos lugares, solo existen algunos individuos aislados.

Esparcidas, se observan entre La Serena y Talca, aisladas o en pequeñas agrupaciones que forman parte de los restos de estos y otros palmares extintos como tales, y un pequeño grupo muy hermoso, junto a una cascada, en el interior de Algarrobo.

En la Carretera Panamericana, al norte de Los Vilos, aproximadamente en el kilómetro 300, se puede observar un conjunto de troncos muy desarrollados de palmas chilenas, que lamentablemente no resistieron el rigor del clima semidesértico o el trato recibido. Son restos de un palmar extinguido, citado en el Resumen del Simposio "La Palma Chilena, estado actual del conocimiento" (38) (Luís Faúndez). Ubicación geográfica: 31º15' y 71º35', Región de Coquimbo.

Figuran en la toponimia de la Cordillera de la Costa innumerables lugares, quebradas o esteros llamados "Las Palmas" o "La Palma" que probablemente estuvieron algún día poblados con esta especie. Estimamos en 200 el número de ejemplares nativos dispersos y no incluidos en nuestro inventario.

Un caso destacable lo constituyen las antiguas palmeras que existen en la ciudad de La Serena y aquellas de Concón, cuya data es muy anterior a la colonización española y por ende, a la fundación y desarrollo de estas ciudades. Son estos los únicos ejemplares relictos existentes en áreas urbanas.

En la descripción que sigue, se han ordenado los reductos principales, partiendo por los más importantes, que son el Parque Nacional La Campana, que a su vez conforma un conjunto ecológico con otros predios, llamados comúnmente Ocoa; la Cuenca de Cocalán, subdividida a la fecha en dos hijuelas y los palmares de Viña del Mar-El Salto-Forestal Alto-Cabritería- Valparaíso. Estos son los tres conjuntos sobre los que se posee más información y, por lo tanto, son más conocidos, y que contienen el 87% de la masa de palmas relictas existente en el país.

Pensamos que quizás el aporte más valioso que estamos entregando con este estudio sea el recorrido, fichaje y descripción de estos bosques y, muy especialmente, de aquellas otras agrupaciones que son poco conocidas, pero no por ello menos interesantes. Estas aparecen en el texto ordenados de norte a sur. Ellos son: La Serena, Hacienda Las Palmas, en Choapa, Limahuida, frente a Los Vilos; Tilama frente a Pichidangui; Túnel de Las Palmas-Pedegua, al norte de Cabildo-Petorca; Cuesta Los Guindos-Cuesta Alhué, al sur de Melipilla; San Miguel de Las Palmas, vecino a Pichilemu; La Candelaria, frente a San Fernando, vecino a Chépica, y Tapihue, cercana a Talca, que es la más austral.

A continuación se presenta una descripción de las principales agrupaciones detectadas, las que mayormente fueron visitadas y fotografiadas por el autor en el transcurso de esta investigación. Las fotografías y croquis que proceden de otras fuentes aparecen citadas en el texto, junto al nombre de sus respectivos autores, a quienes agradezco infinitamente su desinteresado aporte. Cada ficha descriptiva se acompaña de un plano croquis de su ubicación y acceso.


LA PALMA CHILENA....


DESCRIPCION GENERAL.




La Jubaea chilensis (nombre nativo Kan-Kán) es la segunda de las palmas más australes del mundo en estado nativo; la más austral es la nikán (Rhopalostylis sapida) de Nueva Zelandia. Ambas pertenecen a las dos mil ochocientas especies de palmáceas distribuidas por el planeta. Originaria de la zona central de Chile, la palma chilena es una de las de más impresionante desarrollo: posee el tronco más fuerte y la mayor longevidad; esto último, queda demostrado por la existencia de plantas de mil años y más. Aun cuando no existen estudios científicos que aseguren la data de las palmas más antiguas, numerosas citas dan por establecido este aserto. Amén de su valor paisajístico y económico, es la especie arbórea de mayor corpulencia e interés de la zona central del país.

Es sorprendente que Chile ha reconocido como especies símbolo la araucaria, Araucaria araucana, el alerce, Fitzroia cupressoides y el copihue, Lapargeria rosea, y no ha incluido entre ellas a la Jubaea chilensis. Al menos la primera de las nombradas no es endémica solamente de Chile, ya que vegeta y se reproduce en forma natural en sectores fronterizos del territorio argentino, como acontece en el Parque Neuquén.

El alerce y la araucaria han sido declarados Monumento Natural, no así la palma chilena, lo cual constituye una omisión imperdonable. "La Palma Chilena, Monumento Natural", fue el título que inicialmente tuvo este trabajo, pero, por la razón legal y administrativa antes citada, debió ser cambiado por el que definitivamente lleva. Debo confesar que me gustaba más aquél.



CONAF (24), entrega una descripción del árbol que bien vale citar:

"El tronco es limpio, muy simétrico, pero a cierta altura se produce un estrechamiento característico causado por el extremo agotamiento a que es sometido el árbol al comenzar a producir frutos, manteniendo esa estructura en los años posteriores".

"Esta especie no tiene raíz principal, pero desde la base del tronco emerge un gran número de raicillas de alrededor de un centímetro de diámetro, las que se extienden hasta 15 metros del tronco y unas pocas profundizan en busca de agua subterránea".

"La Palma se desarrolla a partir de semillas contenidas en unasenormes vainas llamadas espatas, de aproximadamente un metro de largo. Al abrirse muestran un racimo con flores desarrolladas las que darán origen al fruto que una vez seco cae a tierra. Según las condiciones ambientales y de suelo, la semilla puede tardar meses o varias temporadas en germinar".

"En este período necesita de una cubierta vegetal protectora, bajo la cual inicia su desarrollo en forma muy particular. Primero comienza a crecer hacia los lados, expandiendo su diámetro hasta lograr el grosor que la base tendrá cuando adulta. Terminada esta etapa, que dura alrededor de 14 años, comienza a producir hojas de gran tamaño e inicia su crecimiento que le hará emerger de la vegetación circundante. Desde ese momento ya no contará con la cubierta protectora que, entre otras cosas, evitó que durante esa etapa fuera comida por el ganado doméstico, conejos y liebres, siendo uno de los factores que han contribuido a la disminución de esta especie, al destruir las pequeñas plantas antes de que sean capaces de regenerar. Una vez superado este período, la planta tiene muchas posibilidades de sobrevivir, ya que posee una buena resistencia a los factores ambientales adversos, incluso es capaz de resistir los incendios forestales".


"Llamada Kan-Kán por los antiguos habitantes de esta región, la palma chilena fue muy importante en el pasado. Sus hojas y las fibras de su tronco se empleaban para techar viviendas y sus frutos y la miel que se extrae desde hace siglos, constituyen un excelente alimento para el hombre".
"Esta es una de las causas principales que han llevado a que la palma chilena se encuentre en escaso número, ya que para obtener su miel es necesario derribar el árbol, provocando su muerte".
"Ya en el suelo, se le cortan las hojas para que de ahí escurra la savia que una vez procesada, da origen a la miel de palma".
El habitante de Chile, salvo excepciones, no la reconoce. No se le distingue y poco se sabe de su importancia paisajística y económica; menos aún, de la impresionante belleza de los lugares en los cuales se la encuentra en estado silvestre. Este desconocimiento hizo que muchas personas, con el ánimo de colaborar durante la preparación de este trabajo, entregaran pistas falsas, que condujeron a más de un frustrado recorrido o a una estéril búsqueda.
Los reductos naturales de la palma chilena se distribuyen entre las regiones IV, de Coquimbo, por el norte, y VIII, del Maule, por el sur. Los principales de ellos se mencionan y describen en este estudio.
Su utilización en la formación de grandes parques fue una característica que se repite en numerosas citas desde los inicios de la colonización hasta fines del siglo XIX. Hoy subsiste en antiguos parques y escasamente en nuevas formaciones, aun cuando se advierte un reciente interés por la especie.
ALGO DE HISTORIA.
Si bien existe literatura sobre este árbol, en la mayoría de los casos se trata de investigaciones muy especializadas o parciales, por lo general, tesis universitarias, trabajos inéditos o de circulación restringida.

"Es probable que, como lo dice Hugh Johnson (7), las palmeras, situadas en los climas templado-fríos, que son el árbol símbolo de los trópicos, sean resabios de épocas más cálidas: Hace aproximadamente 120 millones de años, la mayor parte de la superficie de la tierra estaba sometida a un clima tropical. A continuación se produjo un enfriamiento progresivo que terminó en los períodos glaciares. Las palmeras, al igual que otros árboles, se retrajeron a las zonas más abrigadas del frío".

Algunos sectores de clima templado, como es el hábitat de la Jubaea, al desplazarse los trópicos (7), mantuvieron palmeras que se adaptaron y evolucionaron en el mundo natural.

El nicho ecológico que constituye la mayor parte del territorio nacional preservó nuestra flora de interferencias extrañas. País-isla, separado del resto del mundo por fuertes barreras naturales: el gran desierto, por el norte, la cordillera de los Andes, por el oriente, el Océano Pacífico, por el poniente y la selva valdiviana y los hielos australes por el sur, lo constituyen, en especial su zona central, en un lugar ideal para que, en millones de años, se haya configurado una flora muy rica en especies endémicas, entre las cuales se destaca con fuerza la palma chilena.

El Chile prehistórico central estuvo poblado por gran cantidad de estas palmas. En nuestro país, en el archipiélago Juan Fernández, existe otra especie nativa, la palma chonta, Juania australis, que enfrenta problemas de conservación y pertenece a la categoría de vulnerable y en peligro de extinción.

Recientes descubrimientos en nuestra lejana Rapa Nui (Isla de Pascua), hablan de restos fósiles de troncos y aun de polen y de semilla, de estructura similar a la de la Jubaea, aun cuando es tal vez prematuro darlo por sentado y debemos aguardar un pronunciamiento científico para incorporarlo con certeza. Por ahora, la "Fundación para la Recuperación de la Palma Chilena", con la debida asesoría técnica y arqueológica, ha procedido recientemente a reinstalarla en el territorio insular.

Es muy posible que la especie chilena continental debió hacerse más resistente a la sequía y se adaptó maravillosamente a nuestro clima, que en la actualidad es bastante diferente al de los trópicos: debió generar robustas raíces para absorber agua y defenderse de la carencia de humedad en los meses estivales y prolongados periodos secos; desarrolló un sistema de hojas muy protegidas con una firme cutícula para evitar la evaporación, y su semilla, como muchas otras de plantas nativas de la zona central (espino, boldo, quillay, etc.), tiene una gran resistencia a la germinación, producto también de las difíciles condiciones de clima. La germinación debe esperar un invierno lluvioso y una primavera húmeda; luego viene la sequía hasta el nuevo invierno. La semilla debe mantener sus reservas y seguir latente a la espera de una nueva oportunidad.

En tales condiciones, estos vegetales debieron evolucionar hacia un lento crecimiento. Otras especies de palmas, como las ya mencionadas Phoenix, cocoteras tropicales, reales, washingtonias, etc. tienen una rápida germinación, entre quince y treinta días, y un desarrollo que duplica o triplica en velocidad a la Jubaea. Esta, luego que ha asegurado su supervivencia mediante un fuerte sistema radicular, debe desarrollar su parte aérea y competir por los escasos recursos hídricos en largas temporadas. Por algo tarda alrededor de quince años en empezar su crecimiento en altura a la espera de que estén dadas las condiciones anteriormente señaladas.

La multiplicación de la especie en un hábitat tan extenso como el ya descrito debió contar con la colaboración de la fauna existente en el Chile prehistórico, como llamas, alpacas, guanacos y otros herbívoros como el huemul, e incluso, tal vez, dinosaurios y demás antediluvianos que poblaron estas tierras. Comían la parte digerible del fruto, tragando el coquito, transportándolo luego en el estómago, depositándolo en la bosta, fertilizado en forma natural, al igual como lo hace hoy el ganado, facilitando, de este modo la dispersión de la especie, con semillas tratadas en forma natural.

A la llegada de los españoles, en el siglo XVI, era llamada Kan Kán por los aborígenes. Estaba ampliamente difundida en toda la zona central, conformando grandes bosques, decenas de millones entre Coquimbo y Colchagua. El padre Alonso Ovalle, siglo XVII, la describe en su "Histórica Relación del Reino de Chile": "Críanse estas palmas de ordinario en montes y quebradas tan espesos, que mirándolas de lejos parecen almácigo puesto a mano. Son muy gruesas y altas. Todo el tronco desnudo hasta el cogollo, porque su naturaleza es tal, que al paso que se va vistiendo de nuevos ramos se va despojando de los viejos". Entre Chincolco y Petorca se censaron, según esta fuente, más de 500.000 (s. XIX). Existen testimonios de que se exportaba gran cantidad de coquitos. Benjamín Vicuña Mackenna (1877) menciona la explotación de más de 1.000 palmas, con su consiguiente sacrificio, para la exportación de miel en un solo predio y en un solo año en la V Región.

A esta depredación se debe, en gran parte, el estado crítico a que llegó la supervivencia de la especie hasta la primera mitad del siglo XX, situación que está siendo superada en la actualidad.

Hasta fines del siglo XIX se le planta profusamente en parques urbanos y rurales; en aquellos en que ha sido respetada, luce orgullosa y magnífica. Luego cae en el olvido y deja de ser reproducida. Tal como ya mencionamos, hoy parece existir un renacer que esperamos perdure.


LA INTERVENCIÓN HUMANA.

Luego, la especie más perfecta, pero al mismo tiempo más depredadora de la naturaleza, el hombre, inicia su estéril combate contra el bosque y el matorral nativo. La palma subsiste hoy en forma natural solo en escasas agrupaciones aisladas en las que ha logrado sobrevivir y en algunos parques urbanos y rurales, plantada artificialmente. En Chile este proceso destructor se inicia con la llegada de los conquistadores y en algunos lugares continúa hasta nuestros días.

Un croquis de Rómolo Trebbi (9) muestra al valle de Quillota, en el siglo XVI. Nada queda ya de aquellos especímenes.

LA PALMA CHILENA.......

Su vulnerabilidad.

Las características de la planta hacen que ella sea muy vulnerable a la depredación y que en un momento se le incluyó entre las especies en peligro de extinción. Afortunadamente, algo se ha progresado y a través de los recorridos por reductos y parques se advierte el despertar de una conciencia ecológica y respeto que está influyendo en el comportamiento ciudadano; pero aún es insuficiente.

Es interesante consignar la respuesta que han tenido algunos de los propietarios de los principales palmares y la acción de CONAF a la que, lamentablemente, la legislación proteccionista no entrega suficientes atribuciones y recursos para proyectar una acción más efectiva en la conservación de la especie.

Aun así, se ha logrado que en algunas de las concentraciones relictas se le conserve y multiplique en cantidades apreciables. El balance respecto al futuro es, por lo tanto, relativamente promisorio, como lo demuestran los estudios relativos a los últimos treinta años.

Sin embargo, quedan muchos esfuerzos por hacer, tales como la recuperación de algunos lugares, tales como las partes altas de Viña del Mar y Valparaíso, y aquellos que están abiertos, abandonados a su suerte y en proceso de degradación. Es preciso, también, forestar una serie de lugares tan aptos como aquellos a los que se refiere este trabajo. Por último, y muy especialmente, es necesario poblar nuestros parques urbanos y rurales con esta especie que reinó en ellos en el pasado y de la cual se muestran algunos bellos ejemplos vigentes.

Existen otras características de la palma chilena que han conspirado contra su supervivencia. La principal de ellas es la exquisita miel de palma, producto muy preciado, incluso de exportación, para cuya obtención es preciso sacrificar la planta, que debe ser volteada, deshojada y herida en su extremo, para que durante dos años vierta su savia en un recipiente, cuyo producto es elaborado mediante un complejo proceso artesanal o industrial.

Curiosamente, Bascuñán (1), en un estudio publicado el año 1889 en el Boletín de la Sociedad Nacional de Agricultura, explica otro procedimiento en boga en esos años, que no requería sacrificar la planta. Consistía éste en practicar incisiones en la parte superior del tronco, por las que escurría la savia durante los meses de actividad vegetativa. Ello no ocasionaba la muerte del árbol. Un procedimiento similar al que se practica para obtener el caucho, que permite la recuperación de la planta, pudiendo incluso fructificar. Este sistema se recomendaba para las palmas productoras, dejando el sacrificio de la planta solo para aquellas que requerían raleo, que estaban mal conformadas, o eran improductivas.

Estos procedimientos, según la citada fuente, los conocían ya los habitantes prehispánicos de los valles donde existía la especie, métodos que se generalizaron, adoptándose más tarde, por razones económicas solo aquel que es de mayor rendimiento y que obliga a sacrificar la planta.

María Graham (6) constata y describe en 1822 cómo se sacrificaban las palmas de Valparaíso para hacer miel artesanalmente.

Alrededor del año 1950, surgen las primeras denuncias, que desembocan en la legislación protectora actual, que solo permite la explotación de palmas caídas en forma natural o aquellas que autorice un plan de manejo, controlado por la Corporación Nacional Forestal, el cual se ha estado aplicando en la Hacienda Las Palmas de Cocalán, que produce miel, dando como resultado un gran aumento de la especie, al obligar a plantar diez por cada una que sea sacrificada.

El valor de sus frutos, los famosos coquitos, ha despertado el interés exportador y comercial. De este modo, en la mayor parte de los reductos casi no se produce renovación en forma espontánea, pues los coquitos -su semilla- que son de lenta germinación, son recolectados, ya sea en forma familiar, artesanal o industrial, y no quedan en el suelo los suficientes para regenerar el bosque, muy en especial en aquellos lugares en que existe mayor presión humana. En otros lugares, la depredación se produce, además, por el interés en sus hojas, que se usan como escobas y también como adorno para ciertas fiestas religiosas o patrióticas.

En los sectores con mayor presencia humana y sin control, se le mutila, se degusta su delicioso palmito, que es su único brote regenerador de nuevo follaje y con ese acto se produce la muerte de la planta.

Su lenta germinación y crecimiento la expone a no llegar a su mayoría de edad. Su etapa infantil, en la que puede ser presa de talaje, incendio o atropello, tarda entre diez y quince años. A esas alturas, comienza recién a desarrollar su tronco, el que por su configuración es resistente a los peligros antes mencionados. Para llegar a tener unos seis metros de altura, se requieren alrededor de treinta años, y entre cuarenta y sesenta para que fructifique. Entonces se produce un adelgazamiento y su desarrollo se hace aún mas lento, pero ya ha sorteado los mayores peligros y puede vivir milenios, superando períodos de prolongadas sequías. Su muerte natural se origina en algún temporal de viento que pudiera voltearla o en la pérdida de sustentación por deterioro de la base del tronco o sus raíces (17).

Una característica notable de los ejemplares adultos es su resistencia al incendio. La configuración de su tronco no es como la de los otros árboles en que la corteza contiene el fluoema, o anillo por el cual sube la savia, el cual queda expuesto al eventual fuego. En tanto las palmeras no presentan la estructura de anillos, sino una distribución fibrosa, en la cual los vasos capilares que suben la savia están un tanto alejados del calor del fuego.

Su longevidad y antiguedad.

Una investigación practicada durante mis recorridos en todas las agrupaciones naturales visitadas y en numerosos parques antiguos, permite asegurar que el proceso de adelgazamiento descrito anteriormente se inicia lentamente y se hace notorio después de que el árbol ha fructificado, manteniendo el grueso tronco de la base y generando un espigado "cuello de botella" que, como es el caso en los ejemplares prehispánicos más antiguos, llega a duplicar y triplicar la altura del sector de base (ejemplares de quinientos, mil y más años).

Los individuos de mayor antigüedad que hemos podido registrar y fotografiar y que se incluyen en el presente trabajo, son el llamado "La Capitana", que se encuentra en la Cuenca de Cocalán y tiene 28 metros de altura de tronco; uno muy poco conocido, de similar desarrollo, que se ubica en plena ciudad de La Serena y un tercero que se encuentra en el lugar llamado "El Oasis de La Campana". La data del primero es de entre mil quinientos y dos mil años, edad a la cual podrían aproximarse también los otros dos.

Es obvio concluir, por lo tanto, que muchos de los ejemplares relictos que se muestran en este trabajo conocieron los afanes de los conquistadores, de los fundadores de ciudades y las epopeyas de nuestros Padres de la Patria.

Hemos podido comprobar que en los bosques y parques plantados artificialmente desde los inicios de la colonización, se observan, por lo general, ejemplares que solo insinúan el angostamiento inicial, no alcanzando, por lo general, las proporciones de las palmeras prehispánicas, de una mitad a una tercera parte gruesa en la base y hasta dos tercios en el adelgazamiento superior. Existen plantaciones artificiales muy antiguas, como las de San Pedro de Alcántara, Bucalemu y otras, de las cuales se muestran algunos ejemplos de individuos de cuello desarrollado con largueza y que por ello se ubican entre los más ancianos que haya conocido, pertenecientes a la categoría posthispánica. Algunos de éstos presentan las proporciones de los ejemplares relictos.

Un método aproximado para calcularles la edad es a partir de los surcos que dejan en el tronco las hojas al caer, marcando en forma helicoidal una vuelta por año. Este método no ofrece una certeza científica, pero permite una aproximación razonable.

Una observación muy personal, que se remonta a aquellas palmas ligadas a mi niñez, fue transmitida por mi padre, Alfredo Correa Armanet, agricultor e ingeniero agrónomo, a quien he tenido en mi recuerdo y devoción en muchas páginas de este libro. Él recordaba que aquellas habían fructificado por primera vez en el año 1915. Estas palmas debieron ser plantadas alrededor del año 1860. Hoy, a más de ochenta años de dar frutos, en una de ellas es apreciable solo un leve angostamiento en la parte superior de su tronco. La otra ha hecho un cuello bastante más significativo, aunque no alcanza las proporciones de los ejemplares descritos como relictos.

Al hacer estos recuerdos, surge una anécdota muy sabrosa que papá relataba. El tío Ernesto Armanet quiso comprar dos palmeras gigantescas, que se muestran en el texto. Su dueño, don Benito Valdivia, negase a la venta, con esa tozudez castellana de los nobles representantes de nuestra clase media campesina. Luego de muchas insistencias, tentadoras ofertas y mucha negativa, tío Ernesto pregunta: ¿Y qué puedo hacer para obtener unas palmas como éstas? La respuesta no se hace esperar. Breve y parca: ¡Siembre coquitos!

Estas y aquellas palmeras que se muestran en Valdivia de Lontué y la Isla de Lontué tienen características similares y fueron plantadas en la misma época, a mediados del siglo pasado, alcanzando, a la fecha, unos ciento cincuenta años, según antecedentes recogidos de la tradición familiar.

Su utilización.

Sin perjuicio de la cosecha de sus frutos, la fabricación de miel de palma y su importancia en el paisajismo y el turismo, Danneman (16) habla de una subcultura que se ha gestado en los lugares donde se encuentran los bosques relictos de la palma chilena. En ellos, los campesinos utilizan su follaje para construir viviendas y bodegas, muros, techumbres, cubiertas, cierros y puentes. Por otra parte, el uso de sus hojas como escobas; de sus espatas, canoa fibrosa y muy firme que contiene el racimo, como recipiente o canaleta, y tanto las hojas como las espatas pueden todavía ser vistas en algunas reservas, utilizadas de diversas formas. Finalmente, también se empleó la fibra de su tronco para la fabricación de papel.

Todo lo anterior demuestra las múltiples aplicaciones de la especie, que utilizada con un manejo racional y controlado, pueden influir en un mejoramiento de las condiciones socioeconómicas de la población en lugares con pocas alternativas de uso y en un estímulo para propagar y multiplicar la especie.

LA PALMA CHILENA........


LA MIEL DE PALMA.


El principal producto comercial, derivado de la palma chilena es la miel de palma.


A este producto, se le atribuye, ser el causante de la disminución de la especie, lo cual es cierto, en especial durante el siglo pasado y los comienzos del siglo XX. Muchos defensores del bosque chileno se niegan a consumirla en la creencia equivocada de que este proceso depredador prosigue.


En la actualidad, al ser la palma una especie protegida, se ha revertido esta situación y es precisamente en los lugares en que se produce miel de palma, donde se multiplica la existencia de Jubaea, en mayor número.


"La Palma Chilena, un interesante recurso Natural Renovable" (17), trae una descripción del proceso de producción de miel y los planes de manejo del bosque, del que citamos lo siguiente:


"La miel de Palma Chilena es uno de nuestros productos más autóctonos.


Elaborado en base a la savia de la palma, es conocida desde la época de la conquista española, cuando se la elaboraba artesanalmente.


Existen antecedentes que hacen suponer que los nativos de la región la producían aún antes de la llegada de los españoles.


Su composición actual se presume que fue formulada hace unos 100 años, consistente en savia de palma y jugo de coco a los que se adicionan azúcares de caña o de maíz. La calidad de estos azúcares y su proporción deben ser tales que suavicen y resalten las características que proporciona la savia de palma, en especial su delicado e inconfundible sabor.


Es fundamental que no contenga ningún otro producto que los ya mencionados y son expresamente ajenas y contrarias a la miel de palma las sustancias aromáticas artificiales, las sustancias preservadoras y las sustancias colorantes artificiales.


La miel de palma, por ser natural, sana, de excelente sabor y por estar enraizada en nuestras tradiciones alimenticias, es consumida por un vasto sector de los chilenos.


Tiene un bien ganado prestigio entre los conocedores extranjeros que la reconocen como muy superior a otros productos similares o aparentemente equivalentes.


La elaboración de la miel de palma es larga y laboriosa, aunando el trabajo de la naturaleza, con el de muchos hombres de nuestra tierra y el transcurso del tiempo, esencial para provocar el añejamiento que da el sabor y color reconocido por muchas generaciones de chilenos.

La extracción de la savia de palma, base para la elaboración de la miel de palma, constituye una actividad tradicional que se ha mantenido intacta desde hace más de 200 años. Por esta razón, la palma chilena, dentro de su área de distribución, ha ocupado y ocupa un rol muy significativo en nuestra cultura rural.

Comienza el trabajo un equipo de ingenieros forestales, quienes van elaborando un cuidadoso plan de manejo, plan que es sometido a la aprobación de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) y del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

Una vez que ha sido aprobado este plan de manejo, se abren senderos y caminos, se monta un centro de actividades o "bodegas" y se comienza el marcaje de las palmas mieleras, bajo la supervisión de funcionarios de CONAF.

Recién entonces (Agosto), se inicia el volteo por desarraigamiento de las palmas marcadas. A cada palma volteada se le sacan todas sus hojas y se le prepara dejando descubierta la zona de los palmitos (nacimiento del follaje).

La extracción propiamente tal se comienza en Noviembre para suspenderla en Abril, permitiendo la hibernación de la palma cosechada y dejando paso a las faenas de siembra y plantación de nuevas palmas en torno a cada una de ellas. En Noviembre siguiente se reinicia la cosecha de savia, la que finaliza definitivamente entre Febrero y Marzo siguiente.

La savia de palma así recolectada y concentrada es envasada en toneles para ser conducida a bodegas donde deberá reposar por algunos años, hasta lograr el añejamiento necesario que la convierte en la materia prima base de la miel de palma chilena.

La elaboración de este plan de manejo se apoya en el estudio de rotación de recurso para los próximos 40 años, con el fin de garantizar no sólo su conservación sino su multiplicación.

La savia es obtenida de palmas que crecen en los cerros y quebradas de Cocalán, de muy difícil acceso, debiéndose abrir senderos que permitan al hombre de campo acercarse a las palmas que entregarán su savia. Como tributo, se dejan las semillas y plantas que producirán miles de palmas, asegurando así un abundante legado de esta generosa especie.

En el Valle Central de la Cuenca, lugar en el que se encuentra la hermosa palmería que da fama a la belleza paisajística de Cocalán, las centenarias palmas permanecen ajenas a todo lo relacionado con la miel de palma. Ellas están destinadas a dar sus frutos, tradicional golosina que deleita a los niños chilenos desde hace cientos de años.

De acuerdo con la información disponible hasta la fecha, en los últimos 20 años, en la Hacienda Las Palmas de Cocalán, existen 15 nuevas palmas por cada ejemplar explotado, aumento que se ha acentuado en los últimos 5 años, alcanzándose 36 nuevas palmas por cada palma explotada, considerando sólo la forestación efectuada de acuerdo al plan de manejo y, por tanto, no considerando la regeneración natural".
Conclusiones

Siempre será útil, en un apretado resumen, establecer las principales conclusiones de un trabajo, aunque de algún modo signifique insistir sobre materias ya tratadas, que vale la pena destacar.

1. La palma chilena es una especie interesantísima, endémica de Chile, donde se le utiliza y conoce insuficientemente. Posee un gran valor paisajístico y económico, y en el extranjero se le aprecia, cultiva y colecciona con sumo interés.

2. Referente a la aplicación de la Jubaea chilensis al paisajismo, se utilizó profusamente hasta el siglo pasado. Con posterioridad, no se ha empleado lo suficiente, salvo honrosas excepciones, lo cual es responsabilidad de los formadores de parques. Tal vez no se han atrevido, no han sabido o no han querido emplearlas, por los prejuicios sobre la lentitud de su crecimiento, lo cual, si bien es efectivo, se resuelve aprovechando sus condiciones de adaptación a la semi sombra, bosque mixto y sotobosque, que no impiden la formación de parques, con miras a algo más allá que la lucida fiesta inaugural. Su facilidad de trasplante permite, si se logran conseguir ejemplares desarrollados, que son de alto costo, obtener resultados inmediatos espectaculares.

3. Esta última condición hace posible un manejo adecuado de ejemplares que se encuentran en peligro, ya sea por nuevas obras o por otras razones, procediendo, previamente, a los trasplantes que sean necesarios.

4. Respecto a la dificultad de obtener plantas, se entrega en el texto una lista, poco conocida, de aquellos viveros que las ofrecen de uno a diez años con 0,20 a 0,80 m de desarrollo y aun de 1,60 m.

5. En cuanto a la tardanza de germinación, se ha podido comprobar, mediante experimentos científicos efectuados por la Universidad de Chile, que se puede acortar el período, de un año en estado natural, hasta tres semanas, mediante procedimientos que un profesional e incluso un aficionado puede intentar con éxito, si cuenta con algunos elementos de apoyo, conocimientos y paciencia, para superar fracasos en los primeros intentos.

6. En lo relativo a la reforestación, queda en claro su gran resistencia y adaptabilidad, aun en condiciones que pueden ser muy severas, ya sea a todo campo, en plan o en cerro. Obviamente si se cuenta con riego y fertilización su desarrollo será más acelerado.

7. Su productividad como palma melífera es bastante precoz. Comparada con otras especies forestales, no resulta mucho más lenta que ellas, pues puede estar en condiciones de ser explotada a los 35 años, mediante un plan de manejo controlado por CONAF. Su producción de coquitos se inicia entre los 40 y 60 años y no a los 100 como reza una falsa tradición. Posteriormente, es capaz de vivir mil y más años.

8. En relación con los lugares en los cuales se le encuentra en estado nativo, éstos son de extraordinaria belleza e interés y se distribuyen en la Cordillera de la Costa, entre los ríos Elqui y Maule. De ellos, se ha detectado un número interesante de lugares ignotos, algunos tan densamente poblados, como los más conocidos. Existe en ellos reproducción espontánea, aunque insuficiente. En varios lugares, simplemente no se reproduce. Solo el Parque Nacional La Campana funciona bajo la tuición directa de CONAF. En Cocalán se aplica Plan de Manejo y en otros, reforestación. En los más, la especie se encuentra abandonada a su propia suerte.

9. Los reductos naturales de la palma chilena más conocidos son los de Ocoa, en especial el Parque Nacional La Campana, los de la Cuenca de Cocalán, y los de Valparaíso y Viña del Mar Alto. Sin embargo, existen numerosos otros lugares de palmas nativas, algunos muy desconocidos, los cuales se muestran en este trabajo.

10. Un resumen de los inventarios conocidos y de observaciones propias, arroja la existencia de palmas adultas o juveniles en estado nativo, en los siguientes lugares y cantidades.

a. Sector La Campana:
-Parque Nacional La Campana 62.821
-Palmas Vichiculén-Llay Llay 1.500
-Hacienda Las Palmas de Ocoa 2.000
-El Oasis de La Campana 3.986

b. Cuenca de Cocalán: (Haciendas Las Palmas de Cocalán y La Palmería de Cocalán) 35.500
c. Viña del Mar-Valparaíso 6.500
d. La Serena 3
e. Hacienda Las Palmas-Choapa 1
f. Limahuida, Los Vilos 2
g. Tilama, Pichidangui 50
h. Túnel de Las Palmas, Pedegua 500
i. Cuesta Los Guindos-Cuesta Alhué 2.500
j. San Miguel de Las Palmas 2.000
k. La Candelaria 1.900
l. Tapihue-Pencahue 17
m. Otros y dispersos (estimación del autor) 200
TOTAL 119.480

11. La palma chilena abandonó la categoría de "especie en extinción" y ha pasado a la condición de "especie vulnerable, con problemas de conservación", lo cual representa un avance esperanzador respecto a su futuro.

Este alentador resultado ha sido el producto de una acción que se sostiene en tres actores principales: el Ministerio de Agricultura y la CONAF, con el Parque Nacional, la normativa, el control y la divulgación; la Universidad de Chile, Facultad de Agronomía y Ciencias Forestales, con la investigación y, en tercer lugar, y no menos importante, el sector privado, representado por algunos propietarios de palmares, con la administración y el manejo inteligente del recurso. Resta aún incorporar otros palmares al proceso de tecnificación y modernidad y, además, fortalecer una toma de conciencia respecto a la importancia de esta especie, su conservación y defensa, así como impulsar la forestación y su utilización paisajística, urbana y rural.

En este último aspecto se ha producido un renacer del interés por la especie, que ha vuelto a ser utilizada en nuevos proyectos, tanto mediante el uso de plántulas infantiles y juveniles, como de plantas adultas, mediante transplante. Con este objeto ha sido creada la "Fundación para la Recuperación y Fomento de la Palma Chilena", entidad que –como ya se señalara- ha promovido la presente publicación.

12. Sin perjuicio de lo anterior, conviene consignar que algunos de los causantes de la disminución de la especie persisten aún y no son sencillos de erradicar, tales como, los incendios forestales, la recolección indiscriminada de la semilla, la acción del ganado sin control, etc. Al menos ya la fabricación de miel de palma no constituye problema, por estar bajo control de CONAF y estar inserta en un plan de manejo y reforestación.

Parque Nacional La Campana

Uno de los mayores atractivos del Parque Nacional La Campana es el bosque de palma chilena en el sector de Ocoa. La única palma autóctona de Chile continental, que fue utilizada para la producción de miel de palma y la extracción de coquitos comestibles. Hay que destacar que es el más grande de los dos reductos de esta especie endémica que permanecen en Chile, conservándose más de 60.000 ejemplares adultos y por lo tanto el mayor palmar de Jubaea del mundo.
El parque, creado en 1967, se encuentra en la V Región, provincia de Quillota, en el borde sur del valle de Aconcagua. Sus 8.000 hectáreas se reparten en la cordillera de la Costa Central, entre los 400 y los 2.200 metros sobre el nivel del mar. En cuanto al clima podemos mencionar que es de tipo mediterráneo, atenuado principalmente por la cercanía al mar y por la influencia de neblinas costeras. Presenta lluvias durante los meses de invierno y el verano es muy caluroso. La temperatura promedio anual es de 15,7 ºC y la precipitación anual, 558,6 mm.
En la zona destacan los cerros El Roble (2.200 m) y La Campana (1.828 m). El parque posee en general un relieve abrupto en las cumbres y lomajes suaves hacia los valles. El entorno no presenta grandes cursos de agua, pero se pueden recorrer quebradas de singular belleza, como el cajón La Oposición, la quebrada Agua El Manzano y el estero Rabuco.
Flora
La flora del parque está representada básicamente por tres grandes comunidades vegetales:
Bosque esclerófilo de la cordillera de la Costa Central. Se puede apreciar en gran parte del parque y está conformado principalmente por peumo, quillay, boldo, litre, colihue, colliguay, espino, trevo, lingue, canelo, belloto del norte, patagua, palo santo, maqui y radal.
El bosque de palma chilena en el sector de Ocoa. La única palma autóctona de Chile continental.
En las laderas más favorables de exposición sur de los cerros La Campana y El Roble, por encima de los 1.000 m de altitud, se encuentran pequeños bosques de roble de Santiago. Representan la distribución más septentrional de esta especie en el país, y del género Nothofagus (al que pertenece el roble) en América.
Fauna
La fauna es la típica de la zona central de Chile, entre los mamíferos se encuentran especies como el zorro culpeo, el quique, el chingue, el zorro chilla, la vizcacha, el degú y la yaca, los cuales pueden ser vistos ocasionalmente.
Las aves son más fáciles de visualizar, existen especies como perdiz, aguilucho, águila, peuco, codorniz, lechuza blanca, tucúquere, chuncho, gallina ciega, picaflor gigante, zorzal, etc. Esta avifauna puede ser avistada en general en todos los rincones del parque. Además, existen reptiles como lagartos, lagartijas, culebras, y anfibios como la rana grande y diversos sapos.
Sitios de mayor belleza escénica
Desde los miradores naturales de los cerros La Campana y El Roble es posible observar los valles de Olmué y Ocoa.
El palmar de Ocoa es otro de los atractivos de este parque, por la abundancia de esta especie. Destaca en este sector una hermosa cascada llamada el Salto de la Cortadera.
En el sector Cajón Grande se encuentran algunas pozas de agua que se pueden disfrutar por su atractivo natural, como por la posibilidad de bañarse en ellas.
Historia y cultura
El Parque Nacional La Campana se encuentra inserto en un área que se caracteriza, desde un punto de vista arqueológico, por una seria de manifestaciones culturales representativas de las distintas épocas de la prehistoria regional. Investigaciones revelan agrupaciones socio-culturales alfareras como Bato, Aconcagua e Inca, las cuales se manifiestan con patrones de asentamiento, rasgos ceremoniales y formas de subsistencias propias.
Los estudios muestran la existencia de antiguos asentamientos de agricultores y otras evidencias de presencia indígena como piedras tacitas, mortero, marai, cerámica, artefactos líticos y puntas de proyectil.
Tales elementos se encuentran preferentemente en el sector Ocoa, no así en Granizo, donde podemos observar escasas puntas de proyectil y vestigios más tardíos como los marai.
Además el área del parque corresponde a encomiendas otorgadas durante la Colonia. En aquella época se desarrollaban actividades que hoy podemos evidenciar a través de la presencia de hornos carboneros, terrenos de labranza, cabañas, hornos y palmas volteadas para la elaboración de miel, campamentos y desmontes mineros. Algunos de estos vestigios se originaron también en este siglo.

Vías de acceso
Desde Santiago, tomar la Carretera Panamericana Norte hasta el km 389, para luego tomar un camino lateral hacia el oeste por 22 km hasta el portón de entrada al parque. Este camino es de tierra y se conserva en buen estado todo el año.
Desde La Serena, tomar la Ruta 5 hacia el sur hasta el km. 389, desde allí tomar camino lateral hacia el oeste.

Fuente:
Fundación para la Recuperación y el Fomento de la Palma Chilena
Las Torcazas 16
Fono: (56 2) 207 7170
Fax: (56 2) 251 9585